La Musicoterapia como tratamiento no farmacológico en las personas con Fibromialgia

La Musicoterapia como tratamiento no farmacológico en las personas con Fibromialgia

La musicoterapia es una disciplina no farmacológica en donde la música se utiliza como un medio y no como un fin en sí misma. Este método pretende facilitar y promover la comunicación, el aprendizaje y la expresión con el objetivo de lograr cambios y satisfacer necesidades de las personas. Cuenta con técnicas y metodologías específicas.

La musicoterapia es una terapia complementaria al resto de actividades que puede hacer la persona con fibromialgia para mejorar su calidad de vida. En absoluto tiene que ver con lo mágico, lo azaroso o lo esotérico. Según el reconocido musicoterapeuta Bruscia, es un proceso terapéutico que implica además del paciente, a la música y al terapeuta. Cualquier uso de la música para un beneficio terapéutico que no implique un musicoterapeuta académicamente formado, no se considera musicoterapia.

La World Federation of Music Therapy la define como “el uso profesional de la música y sus elementos en ambientes médicos, educativos y cotidianos con individuos, grupos, familias o comunidades para optimizar su calidad de vida y mejorar su salud física, social, comunicativa, emocional e intelectual y su bienestar. La investigación, la práctica, la educación y la instrucción clínica en la musicoterapia están basadas en estándares profesionales según contextos culturales, sociales y políticos”. 

Lo que se busca en las sesiones de musicoterapia es que el paciente sea el protagonista de su propio proceso de cambio. Para ello, debe salir de su casa y participar activamente de las sesiones grupales. Esta terapia no consiste en tener un CD con música para que cada paciente lo escuche en su casa. Esto puede distraer o entretener un rato, pero no es musicoterapia y no aborda temas más complejos como las estrategias de afrontamiento ante una patología tan compleja como la fibromialgia. Esta y cualquier otra enfermedad con dolor crónico no se remedian con sólo “escuchar música”.

Cuando el paciente sufre esta enfermedad se resienten muchos aspectos de su vida tanto físicos, como psicológicos y una actitud poco saludable puede provocar aún más dolor del que se percibe. Hasta la incomprensión de los demás puede agravar la dolencia. Esta situación puede dar lugar a una persona que no tolera el estrés, que no sabe cómo salir adelante y que tampoco puede ser feliz. En estos casos la musicoterapia, ayuda a brindar estrategias de afrontamiento, abre canales de comunicación y expresión de emociones y crea un espacio propicio para el autoconocimiento. Es un trabajo complejo pero al mismo tiempo muy satisfactorio.

Conciencia con Música

Las sesiones pueden ser individuales y/o grupales. Existen varios métodos de musicoterapia con técnicas activas como la musicoterapia analítica de Priestley y otras receptivas como la G.I.M de Helen Bonny, donde se utilizan los instrumentos musicales, la voz cantada y hablada, el trabajo con el ritmo, la melodía y la armonía. Las actividades se enmarcan dentro de las improvisaciones musicales que posteriormente se analizan, para después reflexionar y extraer conclusiones para favorecer el autoconocimiento.

No es requisito fundamental que las personas que participen en los encuentros de musicoterapia tengan conocimientos previos de música, ya que el musicoterapeuta adapta las dinámicas en la medida de los intereses y posibilidades del grupo. 

Son muchos los beneficios que se obtienen haciendo musicoterapia. Un tratamiento diseñado específicamente para las demandas de los pacientes con dolor crónico, puede influir positivamente en el aspecto fisiológico como el alivio de ese dolor o la mejora de la conciencia corporal en la disminución del estrés y la ansiedad; y en el aspecto psicológico, potencia la autoestima y desarrolla nuevas capacidades de afrontamiento socioemocional ante la enfermedad. Además, ofrece:

  • – La posibilidad de abrir y compartir canales de comunicación verbal y no verbal con el terapeuta.
  • – Mayor libertad de expresión y la mejora de la autoestima.
  • – Un nuevo sentido a la vida y una mayor tolerancia a la frustración.
  • – Un aumento de la capacidad de sobrevivir a situaciones conflictivas y a generar soluciones saludables a las mismas.
  • – El goce del valor estético y emocional en la ejecución y escucha posterior de la improvisación musical.
  • – La posibilidad de que las relaciones sean más satisfactorias y se observe un aumento de la energía vital.

A través de las diferentes investigaciones e intervenciones musicoterapéuticas, se ha podido comprobar que la musicoterapia puede ser una opción saludable para la mejora de la calidad de vida de las personas que padecen dolor crónico.

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